El mantenimiento de un horno no es solo limpieza — es un conjunto de revisiones periódicas que, hechas a tiempo, evitan las averías más caras. Esto es lo que conviene revisar y con qué frecuencia.
Mensual: lo básico
Limpieza ligera de interior, revisión visual de la junta de la puerta (que no esté agrietada o suelta), y comprobar que el cristal de la puerta no tiene fisuras nuevas.
Cada 3-6 meses: más a fondo
Limpieza completa (pirolisis, hidrólisis o método manual según tu horno), revisión de que las resistencias se ven en buen estado sin puntos oscurecidos anormales, y comprobación de que la temperatura marcada coincide con la real (con termómetro de horno).
Anual: revisión de instalación
Si tu horno tiene más de 5 años, vale la pena que un técnico revise el estado del cableado interno y las conexiones, sobre todo si notas cualquier señal de irregularidad en el funcionamiento.
El hábito que más alarga la vida útil
No dejar acumular grasa hasta que sea difícil de quitar. La mayoría de averiás de resistencias y problemas de olor/humo vienen de suciedad acumulada durante meses, no de un uso normal del horno.


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